COPABLANCA
Tras un largo pero merecido rato, dos viejos crapulosos han bebido dieciséis cervezas cada uno. El silencio se ha apoderado de la execrable cantina y el tedio se refleja en cada una de sus miradas. Sin embargo, el prurito de la conversación bizantina, rebosante de estulticias y perfumada de temas insulsos, hiede de nuevo.
De repente, en nuestra taberna, un borrachín rompe el silencio y pronuncia lo primero que su corto cerebro imagina; y en señal de aprobación levanta la copa y mendiga un brindis. Inmediatamente, su compañero, el Rey del Gámbito, levanta su copa, la coloca en la mesa escaqueada junto a otra de su fastidioso compañero y se libra de esta farsa diciendo: “jaque mate”. ¿Verdad que ha sido una elegante partida?
Después de semejante contraataque, aparece la Reina de la casa y se lleva a estos jugadores del verbo, la amistad y la filosofía. En cuanto a mí, me limité a abrir la boca nada más que para poder seguir bebiendo++.
De repente, en nuestra taberna, un borrachín rompe el silencio y pronuncia lo primero que su corto cerebro imagina; y en señal de aprobación levanta la copa y mendiga un brindis. Inmediatamente, su compañero, el Rey del Gámbito, levanta su copa, la coloca en la mesa escaqueada junto a otra de su fastidioso compañero y se libra de esta farsa diciendo: “jaque mate”. ¿Verdad que ha sido una elegante partida?
Después de semejante contraataque, aparece la Reina de la casa y se lleva a estos jugadores del verbo, la amistad y la filosofía. En cuanto a mí, me limité a abrir la boca nada más que para poder seguir bebiendo++.
Etiquetas: PROSA
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