EL BILLETE DE LA FELICIDAD
Convencido de la necesidad de un nuevo sistema monetario y de las ventajas de los modelos económicos bien aplicados, me puse a la tarea de elaborar el billete de la felicidad, único en su género, ya que promovía la inflación de la alegría y tenía como meta aumentar la oferta y disminuir la demanda.
Pero cuando intente ponerlo en circulación –y vaya ironía- el dueño del restaurante donde comía porquerías, se irritó con tal vehemencia, que para ahuyentarme antes de cometer cualquier locura, me arrojó un puñado de monedas como quien tira piedras para alejar a las gallinas.
En nuestros días todo se mueve con plata, por eso no me extraña la actitud de nuestro simpático personaje. Ya a los finados no les basta el óbolo sino toda una fortuna para comprar un cajón. La muerte es un negocio, y no redondo sino oblongo. Saludos venales, abrazos pecuniarios, chicas plásticas, ¡ah e$ el amor! y lo que nada cuesta poco vale.
Gracias a la rabia del primero, recogí las monedas y fui a otro lugar, más fino, más sabroso, y allí almorcé. Sin embargo todo era igual, este quiere más y aquel se queja por lo que no tiene.
El capitalismo es la gula del siglo XX y el que esté libre de pecado que tire la primera moneda.
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