EL PÉNDULO
Enredado entre las ramas de un esquelético árbol ya mondado por el viento otoñal, con su nudo bien compuesto, elegantemente vestido para la ocasión, y en el bolsillo una carta, tarjeta de invitación; a la entrada de su casa campestre y como buen anfitrión, el cuerpo del ahorcado da la bienvenida a los zopilotes.
Al pasar, la gente se pregunta qué extraños motivos pueden haber llevado a ese sujeto a amarrarse el cuello y cortar el infinitesimal hilo de su vida. Nadie responde, en apariencia ninguno, todo lo tenía.
Hay tantos dolores ocultos que se esconden tras lujosos disfraces, motivos que a nadie más importan y que sólo son comprendidos por quien no requiere explicaciones.
Y cada vez que pasa el viento, el cuerpo inerte del suicida se balancea como un péndulo, y se escucha la latosa premonición de este reloj mortuorio: “ya casi llega tu hora”.
Al pasar, la gente se pregunta qué extraños motivos pueden haber llevado a ese sujeto a amarrarse el cuello y cortar el infinitesimal hilo de su vida. Nadie responde, en apariencia ninguno, todo lo tenía.
Hay tantos dolores ocultos que se esconden tras lujosos disfraces, motivos que a nadie más importan y que sólo son comprendidos por quien no requiere explicaciones.
Y cada vez que pasa el viento, el cuerpo inerte del suicida se balancea como un péndulo, y se escucha la latosa premonición de este reloj mortuorio: “ya casi llega tu hora”.
Etiquetas: PROSA
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