LA PRIMERA CITA

Ah, el éxtasis de la primera cita. Con el mejor perfume y las peores intenciones nos preparamos para esta nueva experiencia. La doncella en cuestión no me era en absoluto desconocida, la había visto un par de veces y tenía la impresión de que ella también me quería conocer.

Llegué temprano a la cita para poder examinar el lugar y al momento de su entrada, tener la ventaja adicional de sentirme como en casa. Escruté y sólo había otra persona, parece ser que la gente prefiere comer porquerías ahorrando dinero y malgastando la salud, a disfrutar del placer en todas sus formas.

No me gusta conversar, por eso seguí raudo y me senté en el último lugar que un sensato se dignaría en visitar, al lado del baño. Por desgracia el bellaco no entendió mi mensaje y me importunó, pensando tal vez que la magna soledad es excusa para la tediosa compañía. El joven era uno de esos patosos que le gusta hablar cualquier tontería con tal de agradar.

De lo poco que le puse cuidado, entendí que esperaba a su novia, que se iba a casar, que esto y que lo otro, o como diría mi amigo el sensato: y todo lo demás, en fin, todo se podía resumir en la palabra alegría, me confesó que no sufría nunca. Por mi parte, yo también conocía la alegría, después de estar en la tristeza, se aprende la sensibilidad y se encuentra felicidad en casi todo. Por fin llegó mi invitada, y yo con semejante mentecato al lado.

El frío se apoderó del restaurante, poco a poco se acercó y a su paso, ajaba las flores que incomodaban en las mesas. Estaba bellísima, cualquier necio se hubiera aterrorizado, pero yo, yo estaba arrobado. El vértigo lleno mi estómago y cuando ella me reconoció, un vahído me atonto. Se acerco a mi oído y con descaro me dijo: “Aún no estas preparado, debes seguir sufriendo, de esa manera tienes garantizada la vida”. Y agarrando el brazo de mi compañero se lo llevó diciéndole: “ Ahora aprenderás a valorar la felicidad, infeliz”. Entre tanto, el afortunado lloraba y rogaba a la dama inexorable.

Acostumbrado a los desplantes, pude sonreír de nuevo al saber que aún no perdía mi atractivo. Luego saque una moneda y se la dejé como propina al mesero del càfe della morte.

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posted by GOTHIC KING (ten years after) at 15:07, | 0 comments

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