LOS DESEOS
Mi amada verduga había decidido descansar en paz, y yo no podía vivir en la paz de su ausencia. Mis hijos la extrañaban pero aún eran lo suficientemente pequeños como para olvidarla al poco tiempo. Por mi parte, yo no quería seguir con esos angelitos de la ternura, prefería la lasitud de mi demonio. Fue por eso que en un descuido de mi razón opte por seguir su sombra.
Aunque suene truculento, efectivamente llegué a un tribunal de la vida. No pienso describir lo que ví, pero si me interesa comentar lo que sucedió. Después de llenar un tedioso cuestionario sobre mis causas suicidas, el resultado fue sometido a una evaluación. El veredicto fue fulminante, yo aún tenía muchas cosas que hacer, debía criar a mis hijos, proporcionarles educación, religión y todas las demás patrañas que se pueden encontrar al reverso de un cuaderno barato. Por lo tanto, contra mi voluntad, fuí devuelto a este mundo como una especie de Orfeo reprimido.
A los que llamo mis hijos crecieron, desperdiciaron la educación, renegaron de Dios, cogieron el buen camino del mal, y también experimentaron mi aventura, y parece que sus argumentos fueron mas poderosos que los míos porque no han vuelto.
De todo esto me quedó una conclusión: La mitad de nuestros deseos son imposibles, la otra mitad no son en realidad nuestros deseos.
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