MACABRA TERNURA

Desde que tengo memoria, he escuchado hablar sobre las causas del mal, sin embargo nunca he oído al primer sensato que se pregunte los motivos del bien. Hace pocos días fui al zoológico con la idea de ver a esos pobres animales encerrados en jaulas similares a las que la razón pone en las personas. De esa manera puedo comprender mejor que al igual que esos cautivos, el bien y el mal son la misma etiqueta.

Como un ejemplo de que los humanos aún tenemos muchas cosas que aprender de los animales, en una jaula habían aprisionado a un mono y un león. La gente se acercaba y a través de los barrotes introducía cualquier cantidad de comida a pesar de estar prohibido de forma explícita. Uno le daba maní, otro galleticas, en fin, todo lo que las cafeterías del lugar habían facilitado para ese propósito, pero como es de esperar, todo para el mono. Y como es de suponer, los dos animales no se agredían mutuamente.

Sin embargo, la calma chicha que se respiraba, fue interrumpida de repente por el león, que de un salto en suficiencia acrobático como para que el mono no se diera cuenta, se le lanzó, le mordió el cuello y como su cabeza quedó débilmente conectada al cuerpo, de un sólo manotazo se la arrancó. El vino rojo comenzó a manar y al son de gritos y gimoteos, aproveché la ocasión para aceptar el brindis que me ofrecía la fiera.

Con mucha gracia, el felino que tenía agarrado con fuerza al primate por lo que una vez fue su garganta, en señal de victoria, como si fuera una bandera, comenzó a blandirlo con efusión. La gente se escandalizó y juró haber alcanzado el culmen del horror, los desmayos no se hicieron esperar al igual que las críticas por ese suceso.

Independiente de todo esto, yo, que no tuve afectación de conciencia, comprendí lo que había sucedido. Después de desgarrar al mico, el melenudo se acercó a un enteco animalillo, que se encontraba encerrado en la caverna interior de la jaula, ese resultó ser su hijo, que por descuido de los administradores del lugar estaba a punto de morir víctima de la excesiva atención que se prestaba al saltarín difunto. Y con el placer del pábulo, lo comió como pudo, y en sus zarcos ojos se pudo ver de nuevo la vida, la que perdía el compañero de su padre, la que ganaba él.

Y vaya que la naturaleza tiene aún mucho que enseñarnos, porque el suceso fue catalogado de grotesco por todos esos inconscientes que desconocían la ternura del padre por su hijo.

Etiquetas:

 
posted by GOTHIC KING (ten years after) at 14:41, | 0 comments

0 Comments: