ODA A LA ALEGRÍA
Ihr stürzt nieder, Millionen?
Ahnest du den Schöpfer, Welt?
Such´ihn überm Sternenzelt,
Brüder , überm Sternenzelt,
Muss ein lieber Vater wohnen.[1]
Friedrich Schiller.
Algunas veces, del fondo del tedio,
En atardeceres melancólicos,
Surgen agrios instintos diabólicos
De un ser satánico que está a mi asedio.
¡Es la fuerza de un rubio crepúsculo.
Hasta el cielo enloquece al caer la tarde!
Mi pasión en ese rojo infierno arde
Con mucho más cerebro que músculo.
Guiadas por desafinada trompeta,
Escucho las culposas sinfonías
Que mi pasado, en célebre ironía,
Con muy bellos recuerdos interpreta:
“ ¡Domingo otra vez, murió la semana!
¿La malgastaste otra vez, miserable?
Es en realidad tu vida execrable.
¡Guarda juventud! ¡piensa en el mañana!
Eres para el reloj presa muy fácil,
El galgo te atrapa por la muñeca,
Se devana presto el hilo en la rueca,
No puedes huir, ya no eres tan ágil”.
Es el tiempo. El viajero eterno, ¡duro!,
De una tribu de nómadas gitanos
Que sin siquiera observar tus manos
Sabe tu pasado y ve tu futuro.
Y así, airado, no mido mis vocablos.
Hacia el supremo lanzo hoscas palabras
Que cual dardos abren bridas macabras,
Y de tales heridas de venablos
Brota sangre azul de divinas venas,
Embriagante icor de un cielo real.
Y calmado, cual vampiro criminal,
Hallo en las nubes bálsamo a mis penas.
Y escucho el canto de ángeles que se corren,
El verdadero himno de la alegría,
Notas de cadenciosas melodías.
Cántico azul, ¡blues envidia de Beethoven!
[1] ¿Os arrodilláis millones de criaturas?
¿Presientes, oh mundo, a tu creador?
Búscalo sobre la bóveda celeste.
Hermanos, sobre la bóveda celeste
Tiene que habitar un padre amante.
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