ORIGINALIDAD
Había algo familiar en su mirada.
Aunque no me molestaba su escrutinio, decidí observarlo fijamente, para que vencido por mi reto, abandonara su curiosidad y se dedicara a meditar. Fue entonces cuando descubrí un extraño balance en su rostro: contrarrestando principios opuestos, sus troneras del alma reflejaban doble personalidad. Un ojo, el lánguido y opaco, guardaba acíbar dispuesto a rezumar en llanto; el otro, el hambriento, se mostraba vindicativo y se alimentaba de despecho, con un fulgor que invitaba a la complicidad.
¡Que perfecto equilibrio!, esos antípodas rescataban la armonía que miradas luctuosas y protervas ignoraban. ¡Que cátedra de estética!, ¡Que control de fuerzas!, ¡Que.... que atrevimiento!. ¿Cómo se le ocurría a semejante espantajo plagiarme?. No podía permitir tal insolencia. Y limpiando mi orgullo en los bolsillos, encontré las llaves del circo marital, escenario de las infidelidades de mi esposa, y más iracundo que al comienzo, con la rabia acumulada, arrojé el proyectil sobre la cabeza de ese pobre desgraciado. Y en tanto las esquirlas del espejo expiaban mi locura, reclamaba enfurecido: “Imbécil, quiero ser único!”.
Etiquetas: PROSA