SABIDURÍA HEREDADA
Mi abuelo tenía razón: antes de morir, quiso preterir a sus hijos, delegando su fortuna en mí y nombrándome su albacea. Desconfiaba de sus hijos, sabía que ellos la dilapidarían en el suspiro de un cigarro, en el gemido de una cortesana, en el corcho de una botella; en cambio, confiaba en mi juventud, mi inocencia, mi austeridad, mi virtuosismo y mi atavismo.
Mi abuelo era una persona muy sabia: No se puede confiar en nadie.
Mi abuelo era una persona muy sabia: No se puede confiar en nadie.
Etiquetas: PROSA
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