UN POCO DE CLASE
Mientras que en el interior las almas licenciosas se atragantan de infamia y liban los miasmas de la musa lacerada; a la entrada de este templo sicalíptico, sifón de perversión, un viejo temulento y negligente se orina ante el estupor de los transeúntes.
Criticada por muchos, su laudable conducta es remembranza del sacerdote con su hisopo, más si se tiene en cuenta que la ceremonia va acompañada del petulante chapurreo: “Ad Majorem Dei Gloriem”.
¡Y bienvenida la moral inútil! : “¿Qué hace usted?” –Recrimina la melindrosa taquillera de este cine lujurioso. Y mirándola procázmente, responde el ceniciento: “Le doy un poco de clase a este cuchitril”.
Etiquetas: PROSA
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